
Bad Bunny y el Super Bowl
El show de medio tiempo del Super Bowl de este año no fue solo una presentación musical. Fue un acto cultural cuidadosamente construido, una estrategia de marca poderosa y, sobre todo, un mensaje claro sobre identidad, migración y pertenencia. La elección de Bad Bunny como protagonista marcó un punto de quiebre en la narrativa tradicional del evento más visto de la televisión estadounidense.
Más allá de los números, las canciones o el despliegue técnico, lo que ocurrió sobre ese escenario fue una conversación global.
El Super Bowl ha sido, durante décadas, un símbolo del mainstream estadounidense: anglosajón, corporativo y profundamente asociado a una sola idea de “americanidad”. Que un artista latino, cantando mayoritariamente en español, ocupara ese espacio no fue casualidad ni concesión. Fue el reflejo de una realidad demográfica, cultural y económica que ya no se puede ignorar.
Estados Unidos es un país construido por inmigrantes, aunque muchas veces se resista a reconocerse como tal. Millones de personas que vieron ese show no solo vieron a un artista exitoso; se vieron a sí mismas representadas. Personas que cruzaron fronteras, que crecieron entre dos culturas, que hablan español en casa y trabajan en inglés afuera.
Desde esa perspectiva, el show funcionó como un espejo.
Bad Bunny no necesitó discursos explícitos para hablar de migración. El mensaje estuvo en los símbolos, en el idioma, en la música elegida y en la estética. Puerto Rico territorio históricamente marcado por la migración forzada, el desplazamiento económico y la diáspora fue el hilo conductor de una narrativa que conecta con millones de latinos en Estados Unidos.
La presentación recordó algo fundamental: la cultura latina no es una moda ni un “nicho”, es parte estructural del país. La música urbana, el español, los códigos culturales y las referencias visuales que antes eran relegadas hoy ocupan el centro del escenario más importante del mundo.
Desde el marketing cultural, esto es clave: no se trató de “incluir” a los latinos, sino de reconocer que ya están ahí.
Desde una perspectiva estratégica, el show fue una clase magistral de branding. No hubo intentos de suavizar el mensaje para hacerlo más “digerible” ni traducciones forzadas para complacer a todos. Esa decisión, lejos de limitar el alcance, lo amplificó.
Las marcas que entienden el contexto actual saben que la autenticidad conecta más que la neutralidad. El patrocinio del Halftime Show y la narrativa visual asociada se beneficiaron de una conversación orgánica en redes, medios y espacios culturales. El debate positivo y crítico es parte del impacto.
En marketing, la relevancia cultural genera recordación. Y la recordación genera valor.
Para muchas personas inmigrantes o hijos de inmigrantes, ver un show como este en el Super Bowl fue más que entretenimiento. Fue una validación simbólica: “también pertenecemos aquí”. Ese tipo de impacto no se mide solo en métricas digitales, sino en construcción de identidad colectiva.
Al mismo tiempo, el show evidenció una tensión que sigue presente en Estados Unidos: mientras la cultura latina es celebrada en el escenario, muchos inmigrantes continúan enfrentando rechazo, discriminación y discursos de exclusión. Esa contradicción fue parte de la conversación posterior, y también parte del valor del momento.
Lecciones para marcas, creadores y estrategas:
Este Super Bowl deja aprendizajes claros:
- La cultura no es un accesorio de campaña; es una estrategia central.
- Hablarle a comunidades reales implica asumir postura, no solo buscar alcance.
- El idioma ya no define el límite del impacto global.
- Los inmigrantes no son solo consumidores, son protagonistas culturales.
Este show no fue importante solo porque ocurrió, sino por lo que significó. Demostró que el marketing, cuando entiende el contexto social y cultural, puede ir más allá de vender: puede contar historias, generar conversación y redefinir quién tiene derecho a ocupar los grandes escenarios.
Y quizás ese sea el mensaje más potente de la noche: el escenario también es de quienes llegaron de afuera y ayudaron a construirlo desde adentro.
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Lecciones de storytelling con Bad Bunny
El reconocido artista puertorriqueño Bad Bunny ha estrenado su sexto álbum, titulado «Debí tirar más fotos». Este nuevo proyecto ya está causando sensación en plataformas como TikTok e Instagram, dominando las listas de reproducción y acaparando la atención de las estaciones de radio. Su éxito no es una simple casualidad, sino el fruto de una estrategia de marketing, cuidadosamente diseñada y ejecutada con gran creatividad.
El disco, que salió a la luz el pasado 5 de enero, representa un homenaje tanto a la cultura de Puerto Rico como a los orígenes de Benito Antonio Martínez Ocasio. El álbum mezcla una variedad de estilos musicales, desde la música típica de la isla como la plena y la música jíbara, hasta la salsa, el house y el reguetón, logrando una combinación única que resalta las raíces puertorriqueñas.
En la primera fase de su estrategia, Bad Bunny implementó un enfoque teaser al compartir coordenadas en sus redes sociales. Estas coordenadas, al ser ingresadas en Google Maps, revelaban los títulos de las canciones del disco, invitando a sus seguidores a explorar los paisajes y la cultura de Puerto Rico. Una completa genialidad.
Las redes sociales también han sido clave para esta promoción. En una de sus publicaciones más destacadas, Bad Bunny aparece vestido como Rey Mago, aprovechando la festividad del 6 de enero para anunciar oficialmente «Debí tirar más fotos».
Otro movimiento brillante de la campaña fue la aparición de Bad Bunny como presentador invitado en el programa «NotiCentro Al Amanecer» de Wapa TV en Puerto Rico. Durante su participación, el artista no solo informó sobre noticias locales, sino que también compartió detalles sobre su nuevo disco, conectando aún más con la audiencia puertorriqueña.
La promoción no se limitó a Puerto Rico. En Madrid, una camioneta amarilla repleta de productos típicos de la isla recorrió las calles, capturando la atención del público. Además, Bad Bunny lanzó un cortometraje documental protagonizado por el cineasta puertorriqueño Jacobo Morales y un curioso personaje llamado Concho, un sapo antropomórfico. Este documental aborda los cambios sociales y económicos en Puerto Rico, reforzando el papel del disco como un emblema cultural.
Varias marcas aprovecharon el lanzamiento para sumarse a la conversación. Empresas como Rey Plast en Perú y Marcimex en México utilizaron la portada del disco, que muestra dos sillas de plástico en un entorno natural, para promover sus productos. Incluso marcas de bebidas como Cerveza Presidente y Tecate se unieron con gráficas que hacían alusión al álbum.
Bad Bunny no solo lanza música; crea experiencias que conectan con su público de manera emocional y cultural. Su campaña de «Debí tirar más fotos» es un claro ejemplo de cómo el storytelling y el marketing creativo pueden potenciar un lanzamiento musical, dejando una huella tanto a nivel local como global.
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